viernes, 22 de abril de 2016

Rosas en la lluvia: Guns N’ Roses en México

La reunión de Guns N’ Roses es un sueño que miles de personas han tenido desde hace unos 23 años. A partir de las pláticas que tuvieron los miembros clásicos de la banda (sobre todo entre Axl Rose y Slash) y su inducción al Salón de la Fama del Rock and Roll, los fanáticos – y no tan fanáticos – del grupo al fin vieron posible el tan anhelado sueño. Un sueño cristalizado en la gira Not in this lifetime; un nombre bastante irónico para la ocasión.

La alineación de este tour está compuesta por tres de los miembros clásicos de Guns N’ Roses: Axl Rose en la voz, Slash en la guitarra principal y Duff McKagan en el bajo, con Richard Fortus en la segunda guitarra, Frank Ferrer en la batería, Melissa Reese en el sintetizador y Dizzy Reed en el teclado. Se entrevé que lo que la gente deseaba era ver junta de nuevo la mancuerna entre Axl y Slash, ya que en redes sociales hubo una avalancha de personas emocionadas por este reencuentro en contraste con una menor cantidad de entes decepcionadas de que este evento no contaría con Izzy Stradlin y Steven Adler (hasta ahora, porque ninguno de los dos ha dado un “no, nunca jamás” definitivo).

Los Ángeles, Las Vegas y el festival Coachella en Indio, California y ahora México serían los primeros testigos de este acontecimiento. Con dos llenos totales en el Foro Sol de la Ciudad de México, el 19 y 20 de abril se marcaron en el calendario como dos días altamente esperados.

                                                                    
20 de abril de 2016

Con un clima impredecible e indeciso entre el calor y la lluvia, llegó Guns N’ Roses a la capital mexicana. Emoción general por la reunión de los 3/5, cuestionamientos acerca del desempeño de Axl sobre el escenario (y sobre si llegaría temprano) y dudas acerca de la química del grupo actual fueron algunos de los sentimientos que caminaron entre una audiencia adolescente y adulta en su mayoría. Entre la tradicional mercancía no oficial, los impermeables-bolsa-de-plástico fueron de los souvenirs más buscados. El día anterior llovió durante la tarde-noche y el manto gris que cubría al cielo predecía que esta ocasión no sería muy diferente.

Alrededor de las 8:20 de la noche subió The Cult al escenario del Foro. Una elección más que acertada para una larga e intensa noche de leyendas del Hard Rock ochentero. Ante una audiencia de más o menos la mitad de la capacidad del recinto, The Cult interpretó temas clásicos como “Rain”, “She Sells Sanctuary” y “Fire Woman”, así como canciones de su más reciente álbum Hidden City, como “Hinterland” y “G O A T”.

La producción escénica sólo se valió de un juego sencillo de luces y de un fondo con las lilis blancas pertenecientes a la portada de Hidden City, pero la calidad del grupo se lució por sí misma. Era imposible no mover si quiera el pie al ritmo de su música. El vocalista Ian Astbury exudó energía sin parar: corriendo de aquí para allá, sacudiendo el micrófono, golpeando su pandero, tirando el micrófono y aventando su pandero. Con voz, saltos y gritos se encargó de mantener al público atento y de calentarlo para lo que venía.

En cuanto terminó the Cult a eso de las 9:00 comenzó una llovizna que no se detuvo por completo hasta más o menos dos horas después. Casi todos los puntitos negros contenidos en el foro se transformaron en fantasmas de plástico azules, grises, blancos, amarillos y naranjas. Casi todos porque hubo algunos distraídos que olvidaron con qué protegerse, y otros más que parecían disfrutar las lágrimas del cielo en sus rostros. De cualquier manera la inclemencia del clima no frenó la euforia de los “gunners” mexicanos.

En las pantallas del escenario se veía el emblema de las rosas y pistolas. De repente, apareció un anuncio parpadeante de luces de neón. Se trataba del mismo logo, pero “deconstruido”, apareciendo por partes. Surgieron flashazos de los cráneos estilo Appetite For Destruction que representaban a Axl, Slash y Duff.

Los espectadores estaban ya desesperados cuando media hora después por fin aconteció ese momento en el cual se apagan todas las luces y el corazón da un brinco. A pesar de la lluvia, miles de pantallas de celular iluminaron el lugar con su luz blanca (pero aguas, que Duff sí regaña a quienes se preocupan más por tomar fotos que por vivir el momento).

Sonó el tema de inicio de los Looney Tunes, o sea, el espectáculo que vendría sería una locura, todo menos algo serio. Poco a poco entre la oscuridad emergieron los ídolos de todos los presentes. Entre alaridos y devil horns, Guns N’ Roses comenzó con “It’s So Easy”.

Axl Rose, aún discapacitado debido al pie que se rompió durante su show en Los Ángeles, cantó sentado en un trono de guitarras (parecido al de Juego de Tronos, pero menos extravagante) prestado por Dave Grohl. El estilo no se pierde ante nada. La efusividad provocada por Slash era evidente. En cada solo, en cada momento que fue captado por las cámaras la gente pegó el grito al nublado cielo.

Se trató de un concierto extenso: un repertorio de 25 canciones clásicas, no tan clásicas y covers. Tuvo un tinte surreal ver a Duff McKagan y a Slash tocar “Chinese Democracy”, tema homónimo de un álbum criticado por su casi eterno retraso y por la variada e inestable alineación de la banda durante esa etapa. Fue sobrenatural observarlos ahora ser parte de aquello tras años de drama.

Las canciones más coreadas fueron (sorpresa, sorpresa) “Welcome to the Jungle”, “Sweet Child O’ Mine” y “Paradise City”. Las voces de los fans causaban un sobrecogimiento increíble. Escuchar a 26,000 almas cantar al unísono es una experiencia poco común y emocionante.

Entre los covers presentes en el setlist estuvieron “Live and Let Die” de Wings, “New Rose” de The Damned y “The Seeker” de The Who, por mencionar algunos. Y claro, “Knockin’ On Heaven’s Door” de Bob Dylan. Referencias y homenajes a los artistas que de alguna forma han sido parte de la tinta que escribe la historia de Guns N’ Roses.

“Mr. Brownstone”, “Estranged”, “Rocket Queen”, “You Could Be Mine”, “My Michelle”, las emotivas “November Rain” y “Don’t Cry”… Not in this lifetime es una gira que incluye temas de todos los álbumes y para todas las emociones que se busque provocar. La calidad y cantidad tuvieron palomita en su boleta de calificaciones. Este equipo de nuevos/viejos compañeros estuvo bien integrado. Las canciones sonaron como debían escucharse y tanto fans recientes como veteranos disfrutaron de cantarlas y bailarlas sin reserva.

Axl no bailó con sus característicos movimientos de serpiente debido a su lesión, pero el estar sentado le permitió enfocarse en su voz y acalló a los escépticos que ya no creían en su capacidad como frontman. Se trató de un concierto bastante callado entre los músicos. Axl Rose fue el único que habló, para presentar a los demás y para agradecerle al público en reiteradas ocasiones – en español – sus aplausos y su presencia. Pero cabe mencionar que entre la tríada no hubo interacción destacable.


“Paradise City”, la melodía perfecta para terminar. Su alegría y explosiva locura final la convierten en el broche de oro ideal. Con una pirotecnia espectacular en un cielo vigilado por la luna en su punto más alto fue como concluyó la rockera y húmeda velada. Pero sin duda los fuegos artificiales más impactantes fueron Axl Rose, Duff McKagan y Slash cantando juntos los coros de “Paradise City”, y el abrazo con el que le dieron las gracias a su público. Ahora sí que ningún conflicto dura para siempre, tampoco la lluvia de noviembre. Perdón, de abril.

jueves, 7 de abril de 2016

Diferente también es lindo

El jueves pasado se estrenó en México Novias en apuros, un programa en la televisión de paga que socorre a las futuras damas de blanco con el fin de evitar las “grandes aberraciones de la moda [que] van al altar”. ¿Adivinan a quién ayudaron en el primer episodio? Pues sí, a una chica metalera (tenía que ser).

En una entrada anterior – Vive y deja vestir – traté con más detalle este problema de la intolerancia hacia las personas con apariencia diferente. En pocas palabras, lo importante es la sustancia, no la forma; y la ropa sólo es ropa. Si bien es perfectamente válido aconsejar de buena fe a alguien para que mejore su estilo, es muy grosero asegurarle que todo lo que usa está mal o que es estúpido. Para todo hay maneras y momentos.

Debo admitir que ese episodio de Novias en apuros me dejó un mejor sabor de boca en comparación con otros programas de esta índole. Al final respetaron los gustos de la novia metalera, mezclándolos con la estética del vestido tradicional (escogieron uno blanco con tul y encaje rojos). La chica se mantuvo firme y le agradó probar un estilo diferente sin abandonar sus preferencias originales. Lo terrible fue que llegaron a esa resolución con comentarios hirientes como “es ridículo”, “parece un disfraz”, “a nadie le gustará”, “nuestra boda no será una película erótica”, entre otros. Todas críticas destructivas e innecesarias.

Que te aseguren que tu apariencia está mal, que es ridícula, cuando a ti te gusta y te hace feliz (por algo decidiste verte así, ¿no?), duele. Es violento y lastima. En el “mejor” de los casos  (“mejor” porque lo realmente mejor sería que no sucedieran estos ataques) desarrollarás un teflón al cual se le resbalarán todos los comentarios negativos porque sabes que tu aspecto es determinación tuya y de nadie más. Pero imagina que una persona que aún no desarrolla la convicción suficiente para defenderse de los demás es el blanco de estos ataques.

En Facebook y YouTube he leído infinidad de comentarios de personas tristes y frustradas porque temen verse diferentes, porque sus padres los juzgan, sus conocidos los señalan. Veo muchos videos de moda y maquillaje gótico en los cuales la gente pregunta de manera recurrente: “¿de dónde sacas la confianza para verte así diario?”. El miedo al rechazo es un motor fuerte, uno que frena más de lo que mueve. Y sí, el miedo es una emoción básica para la supervivencia, ¡pero no cuando lo único que pretendes es usar un par de botas altas o un labial negro!


Las personas alternativas no son un reto que se deba superar, ni un proyecto que se deba terminar. La expresión a través de la apariencia es un derecho que debe ser defendido. Siempre y cuando se respeten las normas sociales (como no ir a una boda con un bikini y un pantalón de pijama, por ejemplo), no hay ningún problema con seguir la estética que tú prefieras. Todos, tanto la gente que sigue las modas como las que no, merecen respeto. Y todos, todos tienen las mismas posibilidades de verse guapos y lindos.

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jueves, 31 de marzo de 2016

Juntos (pero no revueltos)

La comunidad alternativa es amplia. Muy amplia. Amplísima. Evidentemente es una minoría, pero es una colectividad que se ha diversificado sin parar desde sus inicios, lo sigue haciendo y lo seguirá haciendo.

Las personas alternativas – como su nombre lo indica – son quienes adoptan un estilo de vida alterno, distinto al aceptado/impuesto por el grueso de la población. Este término abarca a rockeros, góticos, metaleros, punketos, lolitas, otakus, emos… y etcétera, con todas, tooodas las subdivisiones existentes en cada grupo. Destaco que lo alternativo no sólo abarca a “entes oscuros”, si no a cualquier estilo de vida que traspase lo convencional, al menos yo lo considero así.

Los factores que impulsan a un individuo a alejarse de los estándares comunes son personales y muy variados. Esto no es una ciencia y no presenta fórmulas invariables. Pero, en general, este cambio sucede cuando la persona no se identifica con las condiciones de su contexto, cuando están inconformes con él. Así lo dejo a grandes rasgos, porque ahorita el plan no es redactar un tratado psicológico/antropológico/sociológico (ay, ay) acerca del perfil de los alternativos. Sólo era necesario definir un poco el concepto para encontrarnos todos en la misma sintonía.

Ahora, el hecho de que tal vez no simpaticen del todo con la forma en la cual se hacen las cosas comúnmente NO quiere decir que no sean capaces de hacerlas o que no sepan adaptarse. En el fondo todos estamos hechos de lo mismo. Creo que no me arriesgo demasiado al afirmar que lo ideal sería que el resto de la población siguiera considerando a esta comunidad como diferente, pero sí con la idea de que esta diversidad podría enriquecer nuestra experiencia como sociedad. Las minorías excluidas ofrecen la posibilidad de expandir nuestro panorama con ideas poco usuales.

No planteo que las almas que se salen del molde valgan más y tengan más que ofrecer que las “personas “comunes” (esa clasificación no me gusta; en otra entrada les platico por qué). No, no. Esa aseveración le patearía directito la cara a esto de no discriminar, porque nunca se debe discriminar a un grupo en defensa de otro.


El mundo se vuelve bastante rico cuando se les permite a sus ciudadanos conservar su individualidad y demostrar sus habilidades en el campo adecuado. (Sí, o sea, tampoco se trata de: “¡Déjenme hacer lo que sea que yo quiera! ¡Libertad! ¡YOLO!”. También por algo existe el orden.)

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jueves, 24 de marzo de 2016

Si discriminas, hay tabla

Uno de los temas que más me interesa y preocupa es el de la equidad. Ya sea por sexo, nacionalidad, religión, raza, orientación sexual, gustos, creencias en general, vestimenta, condición física o por cualquier otro motivo, la discriminación es un problema que me provoca una intensa furia demoníaca.

Sé que nadie es perfecto y todos podemos caer en el error, incluso sin darnos cuenta, pero es importante que seamos conscientes de nuestras actitudes hacia los demás para no dañarlos con prejuicios. Una regla básica en todas las escuelas del universo (bueno, no me consta, nunca he viajado tan lejos) es: no le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan. Pero pareciera que nos convertimos en adultos y esas lecciones de la infancia se borran de nuestra memoria (junto con las tablas de multiplicar).

En las primarias de México también se repite hasta el cansancio la icónica frase de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Que vale para lo mismo, pero igual pareciera que nos entró por una oreja y se salió volando por la otra (aunque no culpo a nadie; de pequeña yo tampoco entendí muy bien a qué se refería).

Me parece importante aclarar que en ningún momento pretendo decir que todos deberíamos opinar lo mismo acerca de todo para así no discutir jamás y poder tomarnos todos felizmente de las manos bajo un arcoíris. No, no. Cada quien tiene derecho de pensar lo que se le antoje, y está bien. Está bien que tal idea o tal moda te molesten y no simpatices con ellas, pero existe una abismal diferencia entre no querer pertenecer a algo y violentar a quienes sí pertenecen a ese algo.

Esta preocupación por detener los ataques malintencionados hacia las minorías es lo que me motivó a iniciar este proyecto. No pretendo organizar  un movimiento de proporciones titánicas que abarque a todas las personas discriminadas en la Tierra, pero sí creo que puedo poner de mi parte para un grupo de individuos al que pertenezco y que no suele ser defendido en los medios de comunicación: la comunidad alternativa (llámense rockeros, metaleros, góticos, punks, otakus y demás criaturas) (obviamente lo de “criaturas” va con cariño e ironía, pero lo aclaro por si las moscas).

Por último, quiero invitarlos a compartir esta entrada – y las siguientes publicadas cada semana– con sus conocidos o con quien consideren necesario. No lo digo porque tenga delirios de querer volverme popular, sino porque lo ideal es que esta postura anti-discriminación llegue a la mayor cantidad de humanos posible. Es más, si no quieren compartir mi contenido porque en secreto creen que tengo piojitos y me odian (tampoco se vale hacer menos a los que cargan piojos, ¿eh?), está bien, pero si consideran que es urgente que el mundo deje de ser tan prejuicioso, hablen, por favor.

Hablen, hablen, canten, escriban, compartan, hablen. Que si bien podemos llegar a pensar que nuestros esfuerzos son pequeñitos, de a muchos esfuercitos podemos lograr un esfuerzote que haga la diferencia.


En palabras de los sabios Simpson:

viernes, 5 de febrero de 2016

De los incomprendidos chinos

(Estimado señor lector: Espero no aburrirte con estos primeros párrafos que evocan mi experiencia personal, pero me parecieron ilustrativos y que servirían como una evidencia real del punto al cual espero llegar. Sólo estoy excusándome para que no creas que estás leyendo mi diario y digas “Ush, ¿esto qué?”. Por tu atención, gracias.)

Yo nací lacia. Fui un bebé de pelitos parados. Mi cabello lo llevaba corto, y antes de entrar a preescolar decidí que quería tenerlo tan largo como la Pocahontas de Disney. Conservé el cabello a la cintura hasta los 11 años y fue entonces cuando lo más imprevisible del mundo sucedió: mi flequillo, una cortina perfectamente planchada, se transformó en cuatro rulitos rebeldes e independientes.

Dejé ser a esos cuatro extraños y fingí que no sucedía nada fuera de lo ordinario. Después noté que el resto de mi cabello ya no se veía tan lacio como antes y, en uno de esos arranques de locura adolescente, lo corté. Primero, a media espalda; un par de años después, a los hombros. En ese momento los chinos colonizaron mi cabeza y la declararon firmemente como suya.

Como era de esperarse, yo no sabía qué hacer con esa horda caótica que acababa de tomar el control. La cepillaba porque esa mi costumbre y lo único que necesitaba mi ahora extinto cabello lacio (en paz descanse). El resultado obvio – para mí no tan obvio en ese entonces – fue un peinado grifo, esponjado y ridículo. Intenté aplacarlo con mousse, con lo cual terminó grifo, esponjado, ridículo y tieso. Odiaba mi cabello; todo era más sencillo con mi antigua melena lisa.

La primera vez que me plancharon el cabello fue en algún año de la preparatoria, gracias a mis amigas dentro de la misma escuela. Ese día conocí uno de los cumplidos más agridulces que he recibido: “¡Qué bien te ves! ¡Deberías hacerlo más seguido!”. OK, siempre es lindo escuchar que te ves bien, pero ¿por qué debería hacerlo más seguido? ¿Acaso la forma natural de mi cabello no es la correcta para mi vida? Tuve compañeras que diario, diario se alaciaban sus rizos porque no les parecía una corona grata. En cambio, era muy esporádico que alguien se enchinara sus lacios. ¿Por qué? ¿Los chinos nos hacen aparentemente menos bonitas?

Cuando tienes cachos – como se les llama en portugués – de inmediato te conviertes para los demás en una despeinada greñuda. En las fotografías siempre tendrás un halo de pelillos libres alrededor tuyo. El look de tu cabello es impredecible todos los días; lo mejor que puedes hacer es bañarte y esperar lo mejor. Tus conocidos comentan lo sencillo que ha de ser no peinarse, así como tú (hasta que no veas a un chino recién levantado de la cama, no sabes lo que es en realidad estar despeinado, lo juro).

Ser rizado te vuelve un incomprendido. No pretendo señalar esta cuestión como una de las grandes problemáticas del mundo que destrozan con crueldad a la sociedad. Para nada. Hay discriminaciones más serias, violentas y mortales, pero un prejuicio – por más pequeño que sea – sigue siendo un prejuicio. Y muchos problemas pequeños tienden a terminar en los grandes problemas de todos.

¿Se han fijado que en series y películas el cambio de imagen de “descuidada” a “guapa” es una transformación de china a lacia? Supe de una amiga a la cual le pedían en su trabajo plancharse sus rulos diario porque según no se veían muy profesionales. También sucede que absolutos desconocidos se sienten con el derecho de agarrar tu cabello en plena calle porque les parece inusual, como si fuera un bicho raro entretenido y no una extensión natural de tu persona.

Tu melena (¡o no-melena también!) es una parte de ti. Si gustas de experimentar con ella, eres libre de hacerlo, pero no permitas que te hagan creer que su forma natural de ser está mal (lo mismo sucede con cualquier parte de tu cuerpo). “Lo que importa es lo de adentro”: será el cliché más antiguo del universo, pero en tiempos como éste en el cual hasta unos chinos rebeldes pueden ser causa de discriminación nunca estará de más seguirlo repitiendo hasta que al fin lo tomemos como una regla de vida y no sólo como un dicho popular.

jueves, 2 de julio de 2015

Vive y deja vestir

El otro día, cuando encendí el televisor, estaba uno de esos tantos programas de cambio de look que existen. Le dejé ahí porque me gustan la ropa, los zapatos y el maquillaje como a tantos otros. No voy a mentir, sí hay algunas personas en el mundo a quienes les vendría bien una asesoría de imagen. Pero para mí no es cuestión del estilo que se elija como tal; quien se viste bien, se viste bien. Estoy totalmente de acuerdo con romper las reglas estéticas, siempre y cuando se conozcan primero para saber cómo adaptarlas.

Mi desacuerdo con el programa inició cuando presentaron a la chica que propusieron para el cambio de imagen. Se trataba de una mujer gótica con un poco de influencia punk, usaba pantalones holgados con cadenas y playeras con cráneos. No se veía mal ni indecente, pero su “amiga” la inscribió al show porque ella creía que asustaba a la gente al vestirse así y que de esa manera jamás conseguiría un hombre. ¿Qué?

Las transformaciones estéticas me resultan interesantes cuando el transformado lo decide por su cuenta porque ya no se siente cómodo con su apariencia. La gótica era feliz con cómo se veía y tal cual expresó que, en efecto, le gustaba vestirse así porque no quería que cualquiera se le acercara.

Más adelante en el episodio hicieron un experimento en el cual varios desconocidos hablaron a ciegas con ella. Posteriormente, le mostraban a los extraños algunos maniquíes vestidos con diferente ropa para que trataran de adivinar con qué tipo de persona conversaron. Nadie escogió el maniquí gótico porque ninguno imaginó que alguien tan agradable y divertida como ella pudiera verse así. Otra vez, ¿qué?

He visto más episodios de ese mismo programa – y de otros similares – en los que atacan de manera prejuiciosa a las mujeres alternativas, alegando, por ejemplo, que usar botas arriba de la rodilla y con agujetas es de rameras, o que ya deberían superar los ochentas por su bien, qué pena que sus hijos deban verlas así. Incluso vi uno en el que un rockero veterano quería que su novia probara su estilo para experimentar cómo se vería. La mujer estaba escéptica porque creía que ese tipo de ropa – negra, de cuero, con estoperoles – se veía estúpida.

Si estas mujeres no están rompiendo ninguna norma (digo, no salían a la calle desnudas ni fueron a funerales en bikini) y, lo más importante de todo, son felices con cómo se ven ¿por qué deberían de cambiar? No es noticia nueva que la sociedad busca “reintegrar a los alienados” (esto asumiendo que estor programas son una herramienta para homogeneizar la población, lo cual no sería tan descabellado). OK, está bien. Es importante ser parte de la sociedad porque los seres humanos salimos adelante mediante la colectividad, pero cómo decidas vestirte no es problema de nadie. El estilo que portes no compromete tu capacidad de ser un miembro activo y valioso del mundo. Estamos en el siglo XXI, ya deberíamos haberlo aprendido.

Una vez alguien me preguntó si valía la pena soportar críticas y abusos de los demás con tal de verse diferente. Respondí que sí, porque tengo mis razones para hacerlo y, más que nada, porque me hace sentir cómoda y feliz. No aburriré a nadie con mi choro mareador de por qué me gusta tener un estilo alternativo, y no viene al caso, porque cada quien tiene sus motivos y de ellos no depende el problema en cuestión. No importa cómo te veas ni por qué lo decidiste, si alguien no aprueba tu look, tú no deberías cambiar para darles gusto a los demás. Al contrario, ellos son quienes deberían cambiar su cerrada perspectiva.

Y ojo. La discriminación visual no sólo se practica en contra de la comunidad alternativa. ¿Cuántas mujeres no son criticadas diario por no usar tacones, o maquillaje, o por no seguir la última tendencia en moda? En otro programa, la pareja de una chica quería cambiar el estilo de ella porque sus atuendos se veían demasiado relajados, como de universitaria. ¡Pues claro que sí! Si la chica tenía veinti-tantos años.

No todos nos agradan y no le agradaremos a todo el mundo. Si no te gusta cómo se viste alguien, está bien, pero recuerda que no está mal que alguien decida verse diferente a ti. Así como tú estás en tu derecho de odiar otros estilos, los demás están en su derecho de amarlos (y así como tú puedes criticar la apariencia de una persona, es altamente probable que alguien más te esté criticando a ti también).

Los gustos son subjetivos y nuestra apariencia física es sólo una parte de quienes somos en realidad. Así que vistan y dejen vestir.

viernes, 5 de junio de 2015

Lush Cosmetics: Belleza consciente

Por Lilian Pérez “Pandora”


Lush Cosmetics es una marca de cosméticos y artículos de cuidado personal como jabones, humectantes, shampoos, maquillaje, mascarillas, perfumes, “bombas de baño”, entre otros. Lush fue fundada en 1995 en Reino Unido; actualmente cuenta con 6 fábricas en todo el mundo y más de 922 tiendas distribuidas en 52 países, entre ellos México (con sucursales en Santa Fe, Reforma y Satélite). Esta marca es reconocida por su preocupación hacia el bienestar del planeta. Sus productos son vegetarianos, realizados a mano con ingredientes naturales y orgánicos, y ninguno de ellos es probado en animales.

Las oficinas de Lush en el Distrito Federal huelen igual que sus tiendas: delicioso; como a frutas, flores, dulces y a demás olores que te recuerdan a algo que no terminas de identificar con exactitud. Es un ambiente fresco y relajado. Hay frases blancas escritas en algunas paredes negras, simulando un pizarrón, también como en sus sucursales.

Mari Carmen de la Torre es una de los socios fundadores de Lush México quienes invirtieron para traer la marca al país. Este grupo de inversionistas ya conocían los productos de Lush debido a sus viajes al extranjero, y les encantaban, por lo que decidieron emprender la misión de traer la marca al considerar que el mercado mexicano estaba listo para esta propuesta.

Al ser un negocio que empieza, Mari Carmen cumple diversas funciones dentro de la empresa, como el sondeo de marketing, las relaciones públicas, y algunas cuestiones referentes al merchandising y el retail.


¿Cómo fue el proceso de traer la marca al país?

Nosotros nos presentamos con la marca inglesa y les presentamos un plan de negocios de por qué México estaba listo para recibir esta marca, creyendo que México tiene un potencial impresionante en cuanto al crecimiento y no sólo en la venta de los productos. Lush compra sus ingredientes en diferentes países, y estos ingredientes benefician a comunidades pequeñas para tener ciclos cerrados ecológicos.

Entonces también nos interesaba tener una fábrica de productos Lush en la zona para dar trabajo a productores nacionales, utilizar productos del país y que Lush UK en sus fábricas utilizara productos mexicanos también.



¿Cuál es la identidad que busca crear Lush en sus consumidores?

Mira, Lush es una marca que provee muchos beneficios. No sólo los beneficios de verse bien con productos lo más naturales posibles (en muchos de los casos son orgánicos) y con menos conservadores. Casi el 48% de nuestros productos no tienen empaques: 1) para no contaminar y ser reciclables realmente, y 2) para ser sustentables.

 Al mandar todos estos mensajes queremos lograr que los consumidores estén conscientes de lo que están utilizando. Te lo digo por experiencia, nunca había yo leído la lista de ingredientes hasta que empecé con Lush. Cuando me enseñaron en Lush que tú lees una lista de ingredientes y el primer ingrediente es el de mayor contenido, empiezas a darte cuenta de lo que te estás poniendo y utilizando sobre tu piel, sobre tu pelo… Dices “Ah, caray. ¿Cómo?”, y vas dándote cuenta. “¿Y esto qué es? Ah, pues son residuos de petróleo”. Por ejemplo, hay cremas que tienen muchos residuos de petróleo. “O sea, ¿cómo? ¿Me estoy poniendo sobre mi piel residuos de petróleo?”. A largo plazo, a los 40 años, ¿qué le va a hacer a tu piel? En comparación a que yo me aplique una crema hecha a base de papaya, de almendras, limones, kiwi… cosas por el estilo, que son 100% más naturales y benéficas. Esa concientización en el consumo es una de las cosas importantes para Lush.

Un mensaje muy importante que nosotros intentamos también transmitir es la sustentabilidad. ¿Qué hacemos? Si yo voy y compro un perfume marca “equis”,  viene en una caja preciosa, emplayada en un plástico. Yo quito el plástico – que no es reciclable – y lo tiro; quito la caja – que normalmente son cajas grandes con muchos colores, tienen incluso un empaque plastificado o de cartón adentro – y la tiro. Y me quedo con una botella que seguramente es hermosa, con un contenido de 50 mililitros. Entonces tú en el momento en el que estás utilizando este perfume en particular, estás tirando una gran parte de lo que tú pagaste por el perfume, y no estás teniendo una concientización en cuanto a la sustentabilidad. “¿Qué reciclo? ¿Qué no reciclo? ¿Qué puedo evitar en el consumo diario de mis productos?” Si tú usas una barra de shampoo sólido [como las que vende Lush], dejas de utilizar hasta tres frascos de shampoo que, en su gran mayoría, no son reciclables. Y lo que estamos destruyendo con nuestros desperdicios es impresionante.

En Lush tú nos llevas cinco botes negros [los botes negros son de los empaques clásicos de la marca] vacíos y limpios a mi tienda, y te los cambio por una mascarilla. La mascarilla tiene un costo aproximado de $200 que yo te regalo. ¿Por qué? Porque lo que yo quiero es que tú guardes mis botes, los utilices (aquí los utilizamos de maceteros o para los clips), que pienses en tu consumo. No sólo de los productos que te pones sobre la piel, sino ¿qué haces con el embalaje? ¿Cómo estás reciclando aunque sea un poquito?

Los estándares de calidad que necesitamos en Lush cumplen con un ciclo de producción sustentable. Les compramos a pequeñas comunidades a las cuales beneficiamos y les decimos “No me tires el agua; recíclala, utilízala, límpiala, fíltrala. Vuelve a plantar. ¿Para qué? Para que tú como comunidad te beneficies y me vendas a mí en la calidad que yo necesito. Yo te voy a comprar toda tu producción, no te preocupes. Sé sustentable. Te voy a pagar más, porque estamos dentro de la norma de comercio justo y sé que te va a costar más producirme las almendras sin ningún pesticida.”



Otro mensaje muy importante que también queremos que conozcan en México es nuestra campaña permanente “Fighting Animal Testing”. Lush ha luchado desde su inicio en que ningún ingrediente y ningún producto sean probados en animales. La industria cosmética prueba todo en animales, y muchas veces en condiciones muy desagradables para los pobres animales que no tienen ni voz ni voto. En Lush los productos los prueban primero los dueños y luego lo mandan a voluntarios humanos.

Tenemos una crema que se llama “Charity Pot” y con ella hacemos activismo social. Todo lo que se recauda de la venta de “Charity Pot” se da a instituciones, grupos o individuos que están en fomento del desarrollo de los derechos humanos, ecológicos o animales. También hay un premio que se llama “Lush Prize” que se instituyó en UK y que se da a cualquier persona que quiera participar  y que busque alternativas a las pruebas de laboratorio en animales.

Todos estos mensajes los resumiría yo en “concientizar al consumidor”.

Creo que Lush llegó en un buen momento a México porque hace algunos años todavía se tenía más esa mentalidad de que el mundo nos iba a durar para siempre y tal vez la marca no hubiera funcionado bien aquí, pero actualmente ya tenemos un poco más de conciencia acerca del cuidado del planeta. ¿Esto lo consideraron al momento de traer la marca a este país?

Estudiamos el mercado mexicano y vimos que podemos transmitir el mensaje de “verte bien y sentirte bien”. Sabes que lo que te estás poniendo va más allá de ser un producto que te va a hacer bien. ¿Qué más hay atrás? Nuestro mensaje, nuestras campañas de “Fighting Animal Testing”, nuestro comercio sustentable, comercio justo… Todo eso lo estudiamos y vimos que México estaba listo. Y yo creo que el gran reto es decirle “ésta no es una crema cualquiera; es una crema que trae la manteca de cacao de Colombia, que trae la lavanda de Francia, las rosas son de Turquía, porque ahí es donde hemos encontrado pequeñas comunidades sustentables que podemos ayudar a crecer”.

Somos vegetarianos al 100% y el 70% de nuestros productos son veganos. Entonces también nos dimos cuenta que en México hay una tendencia hacia una alimentación más saludable. La gente ya también se fija en lo que come y busca alternativas. Entonces vimos que México también ya está listo para estos productos alternativos.

Curiosamente descubrimos que en México hay muchos hombres que han aprendido a cuidarse y que buscan alternativas incluso más saludables que las mujeres. Lo que pasa es que a las mujeres nos bombardean con tanta publicidad de cosméticos y de todo esto que ya crecemos desde chiquitas pensando en hacernos un lift, y los hombres no. El hombre está buscando una crema y es más selectivo en la crema que se pone. Entonces tenemos muchos hombres que nos buscan.

A grandes rasgos, ¿cómo se realizó este estudio de mercado? ¿Cuáles fueron los factores que tomaron en cuenta para reconocer que México ya estaba listo?

Fuimos a investigar qué marcas ya estaban en el mercado, ¿quiénes están?, ¿quiénes serían nuestra potencial competencia?, ¿cuánto está vendiendo la competencia? y ¿cuáles son los mensajes de esa competencia?

¿Cuántas marcas con nuestros mensajes hay en México?

No pues, ninguna.

Exacto. Más allá de ese estudio vimos cuánta gente hoy, cuántos jóvenes, están buscando alternativas, cuánta gente hay que sabe qué es vegetarianismo y veganismo, cuánta gente está luchando por los derechos de los animales. Ese es nuestro mercado. No sólo los que se van a ver bien, sino los que se quieren sentir bien con un consumo responsable. Ahí fue cuando nosotros tomamos la decisión y nos la jugamos. Nosotros creímos que estaban listos y dijimos “Bueno, no hay manera más que experimentar”. Nosotros creíamos firmemente en Lush y dijimos “Tenemos que lograrlo”. Nuestro reto hoy es transmitir este mensaje y decir “Hay alternativas”.

Toda la ética y los valores de Lush fueron en lo que creímos y en lo que seguimos creyendo. Y lo está demostrando – porque ya tenemos tres tiendas –, que sí, que cuando la gente tiene la opción, busca la opción más saludable.

¿Y cuáles son las herramientas de comunicación que más utilizan para promocionarse?

Utilizamos Facebook, Instagram y Twitter. Y los contactos directos a través de revistas. Nosotros no pagamos publicidad. Cuando tú nos encuentras en una revista son menciones porque la gente nos ha probado; son menciones auténticas. No pagamos publicidad porque si pagásemos publicidad caeríamos en la trampa de que tú no vas a pagar el producto, tú ya vas a pagar el anuncio, el espectacular, la radio, la televisión. No, no. Yo quiero que tú pagues la cantidad correcta y justa por tu producto.



Nada más tenemos los medios sociales para transmitir la información de las tiendas. Si tú vas a una de nuestras tiendas, te platicarán qué es cada producto, qué ingredientes tiene y cuáles son los beneficios. Lo que buscamos es la personalización de la marca. ¿Cómo lo logro? Que tú vayas a mi tienda y te lleves el producto que tú necesitas, no el que yo te quiero vender. Yo seguramente quiero venderte mi crema más cara, pero quizás no es lo que tú necesitas. Lo que me interesa a mí es que la gente que nos consuma sea un agente más; un Lushie, les digo yo. Y tú vas a ser mi embajador de la marca. Yo no necesito contactar a un artista que salga en un anuncio “Yo uso…”, digo, sería mi sueño maravilloso que Eva Longoria dijera “¡Uso mi shampoo…!” porque entonces todo mundo iría a las tiendas a comprar el mismo shampoo (risas). Pero yo no sé si ese shampoo es el que te gusta, el que te sirve a ti. Yo prefiero que tú vayas y escojas el que a ti te sirve y el que necesitas. Entonces tú vas a ser mi embajador por los resultados que viste en ti y por la firme convicción en lo que estás utilizando. Y es más honesto, porque la verdad si tú le pagas a un artista para que diga que usa tus productos, capaz que no le gustan y capaz que no los usa, ¿no? Porque está pagado, no es auténtico. Nuestros mensajes son auténticos y claros.

Si tuviera que definir el modo, el tipo de marketing que utiliza Lush te diría que es emocional y sensorial. La gente entra por nuestro olor, entra porque creen que son cupcakes… Mucha gente dice: “Esto huele a… mi abuelita preparaba una…” Ya sabes, las abuelitas eran muy sabias y creo que siguen siendo muy sabias. Y las abuelitas preparaban sus fórmulas en la casa. Dicen “Yo me hacía una mascarilla de plátano con miel…” y no sé qué. Nosotros las estamos haciendo como las hacían nuestras abuelitas y vamos a evocar en ti un recuerdo, una emoción, una sensación.

Mark Constantine, el creador y dueño de la marca, él crea las esencias, él crea los perfumes. Y él utiliza memorias y vivencias personales o música para crear sus esencias, y éstas se replican en los productos. Por ejemplo, acaba de salir hace poquito un perfume que se llama “Dear John” y él lo creó para su papá; y es a lo que, para él, olía su papá. Son sensaciones que queremos que para ti sean placenteras y que evoquen recuerdos. Es lo que buscamos.

 ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta Lush en México?

Nuestro mayor reto es llegarle al público, a todos: al que es vegano, al que no es vegano, al que le interesa la parte de los derechos de los animales, y al que no le interesa también. Eso es: cómo transmitirle los mensajes a todo el mundo.

¿Y a usted qué es lo que más le gusta de trabajar en Lush?

La posibilidad de crear y transmitir todo esto en México. Realmente creo que no existe nada en México como lo que es el concepto; el reto de transmitir todos los mensajes; las sorpresas que nos llevamos al darnos cuenta de la aceptación. En cuanto la gente nos descubre, la gente nos quiere. Eso es maravilloso. Eso. Eso es lo que más me gusta. El crear, transmitir y aportar a la sociedad mexicana, al consumidor mexicano… y a mí, porque yo uso todos los productos. Entonces ¿qué te diré? Que ese es uno de los beneficios: que tenemos que probar todo (risas).


Con una propuesta sincera, preocupada por la huella que dejamos en el mundo y envuelta en olores y sensaciones fuera de lo común, Lush es una marca que inspira. Con justa razón es la tienda favorita de los consumidores en Reino Unido según la encuesta Which? de este año, la cual consideró otras 99 marcas del país. ¿Se puede tener un negocio exitoso, que sea amigable con el medio ambiente, con productos efectivos y un excelente servicio al cliente? Sí, y Lush lo demuestra.


Si te interesa conocer más acerca tanto de la ideología de Lush como de sus productos, puedes ingresar a su página web: www.lush.mx