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jueves, 28 de julio de 2016

Ahora sí, más cielo que infierno: Corona Hell And Heaven 2016



Mi relación con el Hell And Heaven Metal Fest (antes de ser Corona) comenzó en 2014, cuando moría por asistir y al final me dejaron como novia de pueblo: vestida, alborotada y con boleto en mano. Tras la cancelación recibí mi reembolso y, siendo rencorosa, ya no quise ir a la nueva fecha.

En 2016 el festival regresó, con un cartel que llamó mi atención y de nuevo con la promesa de traer a Twisted Sister (una de mis bandas favoritas desde la infancia). Tuve un dilema que no es nuevo dentro de la escena del Metal mexicano: “No quiero darle dinero a alguien que no ha demostrado organizar sus negocios con sumo cuidado, pero si no apoyamos ¿cómo podemos esperar que aprendan y crezcan?”. Al final, mis ganas de vivir la experiencia y ver a Twisted Sister ganaron. Le di una nueva oportunidad a quienes rompieron mi corazoncito en el pasado.

Con la mente abierta, no esperando nada en particular (por si acaso), pero con un poco de esperanza inocente, llegué al Autódromo Hermanos Rodríguez  el sábado 23 de julio de 2016 a las 12 de la tarde. “Buena hora para ver a El Cuervo de Poe que toca a la 1:20”, pensé. Pues no. La fila de acceso era larguísima; no dejaba de crecer y retorcerse entre los puestos de parafernalia musical. Resultó que había otra línea de personas confundidas que se anexó a la fila original en un punto de la misma. En ningún momento apareció alguien a ordenarnos, a decirnos qué hacer o por qué parecíamos nunca avanzar.

Durante todo el ingreso las filas fantasmas decidían manifestarse de manera aleatoria. A veces tratábamos de ordenarnos y otras más corríamos con la ilusión de entrar de inmediato al evento. Al fin llegamos a la revisión de boletos y pertenencias. Entramos como cabras locas… a las 2 de la tarde. Con todas mis fuerzas desee que esa terrible falla en la organización fuera lo peor del día y no la primera bola de nieve de una trágica avalancha.

Dentro del Hell and Heaven hubo mucho para ver, como una pequeña ciudad metalera ajena a la rutina cotidiana. Tres escenarios secundarios – New Blood, True Metal y Alternativo – en los que se presentaron tanto bandas nacionales como internacionales, un mercado estilo Chopo, juegos mecánicos, una villa vikinga (en la cual me la viví feliz ), zona de tatuajes, combates de MMA, espectáculo de motocicletas e incluso una zona infantil con juegos e inflables.

Por supuesto que las joyas de la corona de este magno evento – organizado por Live Talent – fueron los escenarios Hell y Heaven. Uno al lado del otro, separados por una pantalla principal enmarcada por dos H’s gigantes, luminosas, con llamas digitales y crepitantes en su interior. Encima de todo ello se encontraba la mascota del festival: el hombre con los goggles que brillaron de rojo durante la noche y cuya máscara de gas expelió humo. Cada escenario contó con una pantalla menor y ambos fueron los terrenos de los headliners del cartel.

Bajo un sol abrasador, de esos que se sienten como cientos de agujitas que pican la piel y provocan escalofríos, más de 80 mil asistentes invadieron la Curva 4 del Autódromo, sedientos de Metal (y de agua, porque sólo vendieron vasos pequeños que se acabaron más tarde) y a la espera de ver a alguna o algunas de las 59  bandas que estuvieron presentes.

Es destacable que músicos mexicanos, como Transmetal o Colectivo Suicida, tuvieron la oportunidad de tocar en los escenarios principales y que éstos no se reservaron sólo a artistas extranjeros. También fue una buena demostración de equidad que en los escenarios alternos hubiera grupos tanto nacionales como internacionales. Tal vez se trató de un esfuerzo pequeño, pero es rescatable. Los organizadores bien pudieron no meter a mexicano alguno en el cartel, porque en redes sociales una buena parte de metaleros dejó muy claro su desinterés en apoyar la escena local.

Mi primer contacto con el escenario Heaven fue durante la presentación de Transmetal. Con sus casi 30 años de trayectoria no cabe duda que son uno de los grupos icónicos de nuestra tierra. Thrash Metal potente y en tu cara: una bienvenida ideal para el día que comenzaba. Incluso las personas que descansaban en el pasto o recorrían los alrededores no pudieron evitar un ligero headbanging involuntario.

Después de Transmetal caminé para conocer lo que ofrecía el Hell and Heaven, y también para ver a Driven en el New Blood Stage. La actuación de los rockeros de Driven fue satisfactoria. Mireya Mendoza es una excelente front-woman que sabe cómo moverse por el espacio, además de contar con un gran entrenamiento vocal ya que además de cantante es actriz de doblaje (tengo una entrevista con ella aquí, por si les interesa conocer más de su trabajo).

Al terminar Driven, di más vueltas por el festival (es decir, me quedé pasmada observando búhos y lechuzas en la villa vikinga) y también aproveché para comer un poco ya que la maratón de bandas que encabezaron el evento se acercaba.

No estoy segura de si el desfase en los horarios programados empezó desde antes, pero Mushroomhead siguió tocando pasado su tiempo y Dragonforce salió más tarde. Aunque ambos grupos tocaron en Hell cuando Mushroomhead debía estar en Heaven. Tal vez algo técnico falló. Lo ignoro.

El primer grupo que vi en este vaivén entre los escenarios estelares fue Dragonforce. Debo admitir que, a pesar de no ser de mis favoritos, me entretuvieron bastante. Su música ahora se escucha más natural y menos fabricada que antes. Claro, los solos rápidos y enloquecidos son su marca todavía, pero ahora no se perciben en vivo como artistas únicamente de estudio. Además de que en sus recurrentes sonrisas se notó que disfrutaron su concierto.

Llegó la hora nórdica y con ella, Amon Amarth. Un casco vikingo gigante con dos enormes cuernos adornó la escenografía. Amon Amarth es una banda fuerte, brutal, de las que llegan y conquistan, pero la humildad y gratitud tanto de Johan Hegg como del resto de la alineación fueron los guerreros más valiosos de la batalla. El esfuerzo por hablar en español y brindar con sus cuernos llenos de cerveza por todos los presentes fueron los detalles que, junto con su épica propuesta musical, terminaron de enganchar a sus seguidores.

A continuación, Epica arribó con su sinfónico repertorio. Confieso que sólo escuché las primeras dos canciones porque me salí del tumulto general para ir al baño y conseguir agua. Al regresar sólo escuché el último tema, cuando Simone Simons preguntó si queríamos escuchar más. Un señor cerca de mí gritó: “¡Sólo quiero más de ti, mi amor!”. A veces me preguntó cuántas personas sí son fans de Epica y cuántos sólo van a ver Simone (que sí es hermosa, pero ese no es el punto). Lo que sí es que fue lamentable que el audio de su micrófono estuviera defectuoso y su voz apenas podía apreciarse.

Alrededor de las 9 de la noche se avecinó aquella presencia impredecible: la lluvia. Los días anteriores había diluviado y desde temprano se vendieron impermeables. Las nubes grises se vislumbraban a lo lejos, se pasearon sobre el festival, pero no se dejaron caer. Hasta ese momento. Una ligera llovizna recibió a Ghost con su misa negra precedida por el papa Emeritus III. El agua sólo duro una canción.

Aunque cuando conocí a Ghost no tuve un amor a primera nota, pienso que traen una propuesta original, creativa y diferente al rumbo general que ha tomado el Metal contemporáneo. He escuchado/leído personas que consideran a Ghost de flojera por según verse más rudos de lo que tocan y porque su música es más bien lenta. Desacreditar a unos artistas sólo por ser Doom– y ellos no se deslindan de él –  es una aseveración bien subjetiva y un tanto ilógica. En fin. Su show me entretuvo, incluso me divirtió porque Emeritus III es bastante carismático (con su adorable acento de quién sabe de dónde) al dirigirse al público, como cuando explicó que les gusta terminar siempre con la misma canción porque ellos lo consideran como un orgasmo. Su concierto me dejó con ganas de investigarlos más. Y me emocionó que la gente a mi alrededor cantara tanto y tan fuerte.

A Five Finger Death Punch no los vi porque corrí al True Metal Stage a alcanzar lo que pudiera del setlist de de Ensiferum (el retraso en los horarios del Hell y el Heaven le dieron en la torre a mi plan). Vi la mitad de su última canción. Esperé unos momentos para tan siquiera ver salir a Behemoth, pero los minutos avanzaban así como mi ansiedad, así que mejor me regresé corriendo al Heaven Stage.

A continuación, mi colapso emocional: Twisted fucking Sister. Fue su última presentación en México como parte de su gira de despedida Forty and Fuck It. Haciendo burlona referencia a Scorpions, Judas Priest y Ozzy Osbourne, Dee Snider aseguró que éste sí era el final definitivo. A pesar de ser un adiós breve al ser parte de un festival y no un concierto propio, no se trató de un acontecimiento menos significativo. De hecho así más individuos tuvieron la oportunidad de estar presentes.

Dee arrasó con su inigualable energía y tonificado cuerpo que no parecen pertenecerle a alguien de 61 años. Con sus más grandes éxitos “I wanna rock” y “We’re not gonna take it” el público coreó esos himnos que le pertenecen tanto a esta comunidad de exiliados incomprendidos. Incluso entonaron la ridícula versión de “huevos con aceite”, tan popular en México. Fue la cosa más absurda e hilarante que he presenciado en un show. Le dedicaron “The price” a quienes nos abandonaron este año: su baterista AJ Pero, Jimmy Bain y Lemmy Kilmister. También interpretaron “S.M.F.” para sus sick motherfuckers mexicanos. Sólo duró poco más de una hora, pero fue conciso, enérgico y significativo. Una gran despedida para una de las piezas claves en la historia del Rock.

Y aterrizó el momento que la gran mayoría de los asistentes esperaron. La banda que animó a muchos a adquirir sus boletos del Fest incluso conociendo sólo a un integrante del cartel: Rammstein. Para esas horas de la madrugada – como 12 y tanto – mis piernas ya no soportaban la jornada de medio día parada y de aquí para allá, así que decidí replegarme en busca de pasto, cemento, piedras o lo que me sirviera de asiento. La multitud que debí cruzar para ello fue inmensa. Hombres, mujeres y niños reunidos para ver al grande alemán. Sentí admiración al percatarme del talento y singularidad que debes exudar para ser conocido en todo el mundo cantando en otro idioma que no sea inglés. Aún cruzando el mar, la gente se aprende sus canciones. Eso es asombroso.

El espectáculo de Rammstein, como era de esperarse, tuvo una producción increíble. Estupenda para alimentar a la vista. Pirotecnia, fuego, maquillaje, vestuarios, fuego, la inconfundible teatralidad de Till Lindemann, más fuego e incluso el tecladista corrió en una caminadora mientras tocaba. Mucho que mirar a cada minuto. Ni qué decir de cuando empezó “Engel” y la gente silbó mientras Till descendía desde las alturas del escenario con un par de alas a su espalda. 

Fue sobrecogedor escuchar a miles de mexicanos cantar en alemán. Rammstein tuvo dos encores: uno con “Sonne”, “Amerika” y “Engel”, y un último con “Te quiero puta!”, tema que no han interpretado desde 2011.

Más o menos a las dos de la mañana terminó el Corona Hell And Heaven 2016 con una demostración de fuegos artificiales, como diciendo: “¡Siii! ¡Lo logramos!”.

A pesar de las fallas en cuestiones técnicas y de organización, el festival como experiencia al público pasó la prueba. Por lo que viví, he leído y me han platicado, el Hell And Heaven mejoró en comparación con sus ediciones anteriores. Considero que es importante apoyar, pero también retroalimentar y exigir (de manera realista y prudente, claro). Esperemos que nuestro primer festival de Metal a gran escala tome en cuenta sus errores, mejore y se convierta en un evento reconocido por su calidad y entretenimiento.

Ahora ya no me va a causar tantas dudas asistir en el futuro.


Si llegaste hasta aquí, ¡muchísimas gracias por tu tiempo! Esto fue lo más “breve” que pude ser con 14 horas de material, jajaja. Pero espero ésta crónica/reseña haya sido de tu agrado.

jueves, 13 de marzo de 2014

Mucho infierno y poco cielo

Sip, vamos a hablar del Hell & Heaven 2014.

Ya tiene días que quería escribir de esto (de hecho hace unas semanas escribí un artículo pequeñito para una revista de unos compañeros pero por obvias razones pues ya no va a salir, jaja) pero entre varios pendientes y con eso de que salía una noticia nueva diario, o hasta más, sentía que no podía emitir un buen juicio en su totalidad.
Pero ahora que ya es oficial que lo cancelaron - o lo pospusieron, como afirman los organizadores -, ya podemos platicar con todo y las consecuencias que hubo.

El Hell & Heaven (H&H) es un festival de Heavy Metal que inició en Guadalarajara, México, y para su cuarta edición los organizadores decidieron trasladarlo desde ese estado hacia la Ciudad de México. Hay algunos tapatíos que resintieron esa decisión porque se sintieron ofendidos con el argumento de que los despreciaron por irse a la capital para "jalar" más gente. No debemos olvidar que un festival es un negocio y claro que se buscará llevarlo a lugares con mayor afluencia, sobre todo si lo que se busca es una mayor inyección de capital para invertirle a la producción. Así que dudo que haya sido una cuestión de desprecio; más bien sería una elección de negocios.

De cualquier manera el festival no se llevó al Distrito Federal, sino a Texcoco en el Estado de México. Empecemos por ahí. En los últimos años el Estado de México ha sido una parte del país con muchos conflictos de diversas índoles. En verdad veo complicado que se pueda llevar a cabo cualquier clase de evento de grandes magnitudes sin ninguna repercusión negativa, y me sorprende que los organizadores del H&H se hayan querido aventar a hacerlo en este lugar en el cual la seguridad no es uno de sus mayores atributos últimamente.

Aquí es donde la situación se tornó confusa y enmarañada. Llevando meses de planificación con las respectivas autoridades del Estado (como Delfina Gómez, la alcadesa de Texcoco, que mostró la mejor de las disposiciones hasta terminar siendo venerada por los metaleros), Protección Civil decide revocarle los permisos al H&H a días del evento argumentando que no se cumplían las especificaciones necesarias para brindarle seguridad a los asistentes y a los vecinos del lugar. ¿Acaso no se podían revisar y corregir esos aspectos en el tiempo que todavía se tenía? El problema incluso llego a escalar a nivel federal, ¿por qué?

Me parece importante señalar que si el respectivo gobierno se encuentra tan comprometido con la población como para causar pérdidas de miles de millones de pesos con tal de garantizar la seguridad, ¿por qué no aplican esta noble actitud en el resto de sus acciones? ¿O me van a decir que nadie está enterado de las ferias de pueblo que se enchufan en donde pueden y ofrecen juegos mecánicos en pésimo estado de mantenimiento? ¿Por qué a nadie parece interesarle la seguridad de las personas que asisten a estos lugares, por ejemplo? Esa falta de congruencia en sus acciones indigna. Si se van a preocupar por nosotros, que se preocupen siempre y no cuando quieran (o les convenga). Y luego en el Estado de México, donde se nota que la protección a la ciudadanía es primordial.

También existe la teoría de que la gran empresa de espectáculos y entretenimiento que se encuentra afiliada al gran monopolio televisivo intervino en la cancelación del H&H para eliminar a la competencia, ya que el evento era bastante prometedor. Es curioso percatarse de que tanto el Electric Daisy Carnival México como el Electric Planet Music Festival se van a presentar también este fin de semana. A veces no todo es mera coincidencia, pero tampoco hay que dejarse llevar por suposiciones.

Se habla a su vez de que la cancelación del festival fue por motivos de intolerancia y discriminación. Los metaleros aún cargan con el estigma de drogadictos, alcohólicos, pandrosos, violentos, clientes frecuentes del desmadre. Lo que no entiendo es cómo se la ha arreglado la opinión pública para seguir teniendo esa imagen de ellos cuando las pandillas que se pelean en las calles... bueno, las personas a las que vemos hacer el mal en general no suelen pertenecer a este nicho. Los metaleros no salen en las noticias (no hasta ahora), no son tema de conversación frecuente. ¿Cómo es que las personas siguen teniendo mentalidad del siglo pasado? Aunque también debo decir que con esto se originó una especie de movimiento pro-orgullo metalero en el que algunas personas ya rallaban en el borde de decir que los metaleros somos la crema y nata de la sociedad, los únicos bienhechores. Y no, no inventen. Ni son escoria ni son dioses; son humanos, como todos.

Está el otro lado de la moneda. La organización del H&H no ha sido exactamente perfecta en cada una de sus ediciones. Ya han sucedido cancelaciones, movidas en los horarios, descontentos y demás. Es comprensible que al ser un festival más o menos nuevo aún se cometan algunos errores, pero ya deberían de contar con algo de experiencia en esos aspectos y en las redes sociales no es difícil encontrar personas indignadas que se han sentido defraudadas año con año. Tampoco se valió que afirmaran que ya iban a dar información de la nueva sede en un momento exacto cuando ellos mismos aún no estaban seguros de contar con esos datos en ese instante.

Al final, ¿de quién fue la culpa? ¿Del gobierno? ¿De la competencia? ¿De los mismos organizadores del H&H?
Eso queda a la reflexión de cada quien. Yo opino que la carga de la culpa se distribuye entre todos ellos, porque los problemas nunca son sólo culpa de una persona u organización. Están los que abusan, los que se dejan y los que ven pero no les importa, e igual todos son parte del conflicto.

Es una lástima que una propuesta de festival de primer mundo haya caído tan estrepitosamente. Peor la imagen de México quedó para el mundo con toda esta polémica.